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Dios le bendiga. Bienvenido a la página oficial del Ministerio Alma de Dios y en este blog encontrarás los estudios biblicos más importantes que usted deberá leer como creyente en el Verdadero Evangelio. Somos creyentes de Jesucristo guardándonos de todas las inmundicias que trae consigo la Apostasia inminente de la que habla Jesús en Mateo 24. Hagamos como los hermanos de Berea, siendo atalaya de su evangelio a miles de creyentes que no conocen la correcta doctrina bíblica.

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Miguel Arrazola Vs. Agur el Sabio


Es doloroso cuando tergiversan nuestras palabras. Recuerdo cómo me sentí cuando alguien comentó el articulo que escribí en contra de las enseñanzas de Miguel Arrazola para decirme que Agur estaba equivocado, y Miguel respondió con una de las predicas más blasfemas que le he escuchado. No se las puedo mostrar porque la han quitado del servidor VIMEO, pero en la Tercera entrega de la Serie "Miguel Arrazola - Un evangelio diferente y contradictorio" se los mostraré. (Por qué será que habrán eliminado el video?)

En el video, la respuesta es que supuestamente YO NO TENGO CARÁCTER, o que AGUR no tiene carácter para las cosas MATERIALES. Sin embargo, mis sentimientos y mi reputación son insignificantes comparados con la manera cómo Dios debe sentirse cuando lo tergiversamos a Él (Jeremías 23:25-32).

Según Miguel Arrazola, Agur no tenia carácter y está escrito en el libro de Proverbios el capitulo 30 precisamente para no repetir las oraciones que no nos conviene.....semejante blasfemia, ni siquiera es una herejía es una ridiculez. Lo peor que los 3000 miembros de Rios de Vida, afirmaron tal estupidez. Le quitó poder a la Palabra de Dios, nunca habia escuchado eso que dijo Miguel en contra de la humildad y la oración de un Verdadero Siervo de Dios. Claro, lo dice para su conveniencia, pues en los 40 minutos que dura la predica, insta al MATERIALISMO, ya que con el nombre de la "enseñanza" lo dice todo "LA UNCIÓN Y LO MATERIAL".......

Miguel, a ver te explico lo que quiere decir el Capitulo 30 de Proverbios, quien Agur escribio con toda la inspiración de Dios. Un hombre que entendía las implicaciones de añadir o quitar a las palabras de Dios era precisamente Agur. Creo que él es uno de mis sabios favoritos porque piensa con un envidiable sentido de equilibrio, ve la firma de Dios en la naturaleza y le gusta enseñar con crucigramas (Proverbios 30).

Hay que admitir que Agur no da una primera impresión impactante. Las primeras palabras que escuchamos de él son: "Ciertamente más rudo soy yo que ninguno, ni tengo entendimiento de hombre" (Proverbios 30:2). Pero rápidamente Agur nos muestra por qué hablaba así de sí mismo. Tiene en tan poco su propia sabiduría porque tiene a Dios en muy alta estima (v. 3). Está abrumado con su poco entendimiento ante la presencia de Aquel que lo ha creado todo (v. 4).

Lleno de humildad ante la presencia de su Creador, Agur ve el peligro de deformar a semejante Dios. A fin de advertir a sus lectores para que eviten cualquier tergiversación, dice: "Toda palabra de Dios es limpia; él le es escudo a los que en él esperan. No añadas a sus palabras, para que no te reprenda, y seas hallado mentiroso" (vv. 5-6). ¿Podríamos estar añadiendo cosas a las palabras de Dios sin darnos cuenta? Como seguidores de Cristo, muchos de nosotros creemos que es importante hablar acerca de lo que Dios ha dicho, de lo que está haciendo en nuestras vidas, y de lo que quiere que hagamos. Sin embargo, en el proceso podemos, sin querer, dañar Su reputación hablando con indiferencia o descuido, como si Su Palabra escrita fuera lo mismo que nuestra impresión de lo que Él quiere que hagamos.

Piense en las implicaciones de decir: "Dios me dijo" o "Dios me guió a decir". Si las personas que no son cristianas nos escuchan, ¿acaso pensarán que estamos escuchando voces? ¿Qué hay de aquellos que comparten nuestra fe? ¿Cuántos van a tener la valentía de proteger la reputación de Dios desafiando o poniendo a prueba nuestro idioma con frases como "Dios habló a mi corazón"? Agur no es el único que ve el peligro de tergiversar a Dios. Él hace eco a Moisés (Deuteronomio 4:2; 13:1-3) y se anticipa a última advertencia del Nuevo Testamento (Apocalipsis 22:18-19). Todos hacen fuertes advertencias acerca del peligro de añadir o quitar algo a las palabras reveladas y escritas de Dios.

¿Cómo podemos darle a Dios la consideración que quisiéramos para nosotros mismos? Una manera de contestar a esta pregunta es pensando en lo que exigimos unos de otros. Esperamos que aquellos que nos citen honren no sólo nuestras palabras sino también lo que queremos decir. También queremos que todos aquellos que usen nuestro nombre distingan entre lo que creen que decimos y lo que en realidad nos han escuchado decir. Si aplicamos esta misma consideración a Dios, no Le citaremos fuera de contexto. Trataremos de proteger no sólo Sus palabras sino también lo que quiere decir. Con igual importancia, distinguiremos cuidadosamente entre lo que Él ha dicho en realidad y lo que «pensamos» o lo que «creemos» que está diciéndonos o nos está guiando a decir.

Añadir frases sencillas y honestas que descarguen nuestra responsabilidad puede ayudar a proteger la reputación de Dios y nuestra integridad. En el proceso, les daremos a los demás permiso para poner a prueba y juzgar por sí mismos si lo que estamos atribuyendo a Dios es consistente con lo que el Dios de la Biblia ha dicho en realidad (1 Tesalonicenses 5:19-21).
¿Cuál es una cita precisa de Dios? Agur dice: «Toda palabra de Dios es limpia» (Proverbios 30:5). El término que usa para «limpia» conlleva la idea metal de que es refinado por el fuego. De hecho, las palabras de Dios son más que perfectamente ciertas. También son puras en lo que quieren decir. Todo lo que Dios dice proviene de un corazón que es como un fuego que consume todo lo que es engañoso y sin ningún valor. Su conocimiento es perfecto y Sus intenciones son honorables. Sus motivos están por encima de cualquier crítica. Esto significa que, para citar a Dios con precisión, tenemos que honrar la diferencia entre Sus intenciones y nuestros intereses egoístas.

¿Cómo podemos resistir la tendencia a citar a Dios de una manera interesada? Tomemos por ejemplo lo que Dios ha dicho acerca del dinero. Podemos decir con certeza que la Biblia nos alienta a dar de nuestras propias ganancias para las necesidades de los demás (Hechos 20:35; Efesios 4:28). Pero corromperíamos la pureza de esas palabras al decirles a las personas que nos envíen dinero a nosotros porque Dios quiere que den dinero a los demás o a Él.
Estoy en deuda con el maestro que ayuda a sus alumnos a distinguir entre las interpretaciones e implicaciones de la Biblia que son posibles, probables y necesarias. Así que hagamos eso con la cita de Agur que estamos estudiando. Cuando el sabio dice: "Toda palabra de Dios es limpia… No añadas a sus palabras, para que no te reprenda, y seas hallado mentiroso" (Proverbios 30:5-6), a mí me parece que: Una implicación posible es que debemos darle autoridad a lo que Dios ha dicho en realidad, ni más ni menos. Una implicación probable es que, cuando citamos a Dios, siempre debemos dejar claro dónde terminan las palabras reales de las Escrituras y dónde comienzan nuestras palabras de explicación.

Una implicación necesaria es que no añadimos nuestras propias palabras a lo que Dios ha dicho para cambiar en realidad el significado y el propósito de lo que Dios ha declarado. Si tal consideración parece ocasionar demasiados problemas, es el momento de recordar lo doloroso que es que tergiversen nuestras palabras. Y, si Agur tiene razón, entonces referirnos con indiferencia acerca de «lo que Dios habló a mi corazón» también puede ser un momento para pensar en tener que responderle a Dios, quien es aún más celoso de Su propio Nombre, reputación y credibilidad de lo que nosotros lo somos de los nuestros.

Miguel Arrazola arrepientete!!!

PD: Ahh por cierto la foto de este articulo la saque de tu página web, veamos el mensaje que me enviarás como pasó la vez pasada.

CREENCIAS DE LA NUEVA ERA ¿Una Mentira de Verdad?

¿Pueden estos principios proporcionar satisfacción?




Como partidaria de las creencias de la Nueva Era nunca imaginé que después de 10 años de matrimonio, dos hermosos hijos y prosperidad material, me sentiría incompleta e insatisfecha. . . pero lo estaba. Comencé un costoso camino de cuestionar el propósito de la vida que separaría a mi familia y causaría mucho dolor. Estaba vacía y anhelaba entender el significado de mi vida. ¿Cuál era la verdad?

Inquieta, rompí los compromisos de mi familia para buscar respuestas, prácticamente a expensas de todo el mundo. Las creencias de la Nueva Era y del espiritualismo continuaban capturando mi atención. Leí muchos libros y asistí a seminarios en mi búsqueda de la "Verdad." Exploré la reencarnación, regresiones a vidas pasadas, la numerología, la astrología, el tarot, los chacras, la quiromancia, los viajes astrales, y los guías espirituales. Medité y experimenté con drogas e hipnosis en mi búsqueda de entendimiento como el de un dios. Estaba abierta a las enseñanzas de la Nueva Era, y una vez alojé en mi casa a una psíquica nacionalmente conocida, la cual hacía lecturas a otros buscadores.

Acepté especialmente la reencarnación y las experiencias de vidas pasadas. Fui engañada a creer que había vivido muchas vidas pasadas y que hasta había tenido otras formas de vida. El poder personal es otro principio engañoso del espiritualismo de la Nueva Era. El atractivo está en hacerle creer a alguien que a través del poder de uno mismo se puede lograr cualquier cosa. Todo tiene que ver con el esfuerzo propio y el conectarse con las fuentes de poder espiritual que nos rodean. Egocéntrica y llena de orgullo, me había colocado a mí misma sobre el trono de mi vida. Si existía Dios, o una deidad, era simplemente para ayudarme a ser lo que el mundo estimaba importante. "Yo, mí, y yo misma" era mi propia definición de la Trinidad.

Creencias de la Nueva Era - Comenzando a ver la Verdad


Comencé a sentir una oscuridad mientras buscaba las creencias de la Nueva Era, y experimenté una vaga desconfianza y falta de sinceridad hacia esos líderes y conocidos. Los líderes espirituales de la Nueva Era afirman que "todos los caminos conducen a dios." Para dar cabida a esta afirmación, las opiniones de todos tienen que ser válidas -- nadie está equivocado. Esto no me pareció convincente y comencé a cuestionar las enseñanzas. Deseaba conocer una verdad objetiva en la que pudiera creer y confiar, no las ideas subjetivas (del hombre) acerca de la verdad.

La Biblia dice ser la verdad de Dios revelada por inspiración divina -- verdades que permanecen iguales -- ¡ayer, hoy, y mañana! ¿Podía ser ésta la verdad que estaba buscando?
Aunque hay poder en lo sobrenatural, pronto comprendí que existe una batalla que se está librando entre el bien y el mal. Suena como ciencia ficción, pero la Biblia dice que nuestra batalla es contra fuerzas malignas espirituales. Disfrazado como "un ángel de luz," Satanás viene sólo para robar, matar, y destruir. 1ra de Pedro 5:8 dice: "Sed sobrios y velad. Porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar." Estas declaraciones son poderosas.

Como 2da de Timoteo 4:3 predice: "Porque vendrán tiempos cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros de acuerdo a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído, y se volverán a las fábulas." Esta era yo.

Comencé a comparar las creencias de la Nueva Era con aquellas de la Biblia. Resaltaron dos cosas importantes:

La Biblia dice que todos los caminos no conducen a Dios. Jesús dice en Mateo 7:13-14: "Entrad por la puerta estrecha. Porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella. Porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hayan." 2da de Corintios 4:4 dice: "El dios de este siglo [Satanás] cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios."

La Biblia dice en Hebreos 9:27 “. . .Y de la manera en que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio." Aprendí que la reencarnación es un engaño que elimina la responsabilidad del individuo por sus acciones y decisiones.

Creencias de la Nueva Era - ¿Puedo encontrar esta libertad?


Si usted está atrapado en las creencias de la Nueva Era, pero se encuentra cuestionando, preguntándose si hay más en esta vida, piense en el camino que recorrí. Comience a estudiar la Biblia y véalo por sí mismo.
¿Por qué Satanás, llamado el príncipe de esta tierra, quiere cegar su mente? Existe una batalla espiritual librándose por su alma. Nuestras almas son eternas, y está en juego dónde ellas residirán por la eternidad. ¿Cuáles son las alternativas?

La Biblia dice que podemos estar por siempre con Dios en el cielo, el cual ha sido preparado para aquellos que han puesto su confianza en Jesús, el Salvador. La alternativa es un reino sin dios, habitado por aquellos que rehusaron la oferta de gracia de Dios a través de Su Hijo, y estos estarán en tormento eterno.

Dios le ama y le creó. Salmo 139 dice: “Tú [Dios] formaste mis entrañas; Tú me hiciste en el vientre de mi madre. . . En Tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas." Él tiene un plan perfecto y un propósito para su vida. Él le creó con amor, y desea tener una relación con usted.

Dios también le dio libre albedrío. La decisión es suya, de allí la batalla por su alma. Usted no puede ganar su entrada al cielo con sus buenas obras (Efesios 2:8-9). Todos hemos pecado (Romanos 3:23). Un Dios perfecto, justo, no puede tener una camaradería con un hombre pecador.

Jesús, Dios Hijo, dejó los cielos y vino a la tierra, tomó forma humana para ofrecernos un camino para tener camaradería con Dios el Padre. Jesús vivió una vida perfecta sin pecado, luego se sacrificó a Sí mismo muriendo en una cruz, tomando sobre Sí mismo el castigo del pecado que nosotros merecíamos. Resucitó, venciendo a la muerte, y de esta manera abrió la puerta para que nosotros pudiéramos tener una relación con Dios. Cuando creemos esto podemos entrar por esa puerta.


Jesús respondió: "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie viene al Padre si no es por mí´" (Juan14:6). Debemos venir a la cruz, creer en el trabajo expiatorio de Cristo, y humildemente pedir y recibir Su regalo. En ese momento recibimos el perdón de todos nuestros pecados, comenzamos una relación eterna con Dios, y tenemos la seguridad de que cuando muramos pasaremos la eternidad con Él. Usted puede tener esa camaradería con Dios el Padre y Creador de todo el universo. Es real, y le cambiará su vida. Usted nunca será el mismo. Todo lo que requiere es un corazón arrepentido, humillado, y una sencilla oración. Dios le está llamando en este momento.

La Humildad es más que la Soberbia

La humildad es un balance que no nos deja engañarnos sobre el estado de nuestra comunión con Dios. Tenemos tal edad, tal estatura, tales posibilidades –pocas y tales limitaciones –muchas más –. Por eso, aunque es una virtud, porque es un hábito que nos facilita el obrar bien, en realidad casi ni tiene mérito en el hombre, aparte de Jesús de Nazaret, que siendo Hijo de Dios se anonadó a sí mismo, haciéndose Hijo del Hombre. La misma etimología nos indica nuestra condición, ya que humildad viene de humus (barro, tierra), y en la revelación bíblica el nombre de Adán procede de adamah, que igualmente significa tierra o suelo, recordándonos el símbolo de la creación del hombre en el relato del Génesis: “Dios formó al hombre del polvo de la tierra”. Venimos de la tierra, vivimos de la tierra y volvemos a la tierra. Los componentes de nuestro cuerpo podrían analizarse en un laboratorio como otros minerales. Por lo mismo, la humildad verdadera no encoje ni acompleja, convirtiendo al hombre en pusilánime, cobarde o perezoso. Si conoce sus limitaciones, conoce también sus posibilidades, que pueden crecer y multiplicarse con su ejercicio. Tampoco la humildad impide la necesaria autoestima, pero sí evita el autoengaño, el dejarse llevar por fantasías de poder sin fundamento, que pueden llevar al fracaso más rotundo. La soberbia, tan contraria a la humanidad, es un espejismo, una visión deformada e hipertrofiada de la propia realidad, que nos empuja a la apariencia, la presunción y el relumbrón, en un esfuerzo violento, una mentira continua, unas pretensiones por encima de nuestras propias fuerzas, manteniéndonos como en vilo, forzados, inseguros, sin paz y sin sosiego, con el miedo de descubrir alguna vez nuestras muchas carencias, y caer desde lo alto hacia el abismo, como Luzbel.

La soberbia impide o dificulta la colaboración, el intercambio y la amistad, porque utiliza a los demás como escalones para subir y sobresalir, recurriendo a la intriga, la murmuración, el temor y la difamación. La soberbia, y sus compañeras inseparables la envidia y la ambición, han sido las causas más frecuentes de discordias, enemistades, divisiones y hasta contiendas y guerras entre familias, pueblos y naciones. La humildad, en cambio, facilita la paz, el diálogo, la colaboración, la solidaridad y la amistad entre los hombres, tanto en el hogar como en el trabajo, en la ciudad como en la sociedad, en el ámbito nacional como en el internacional. ¡Bendito el pueblo que humildemente sabe reconocer sus límites, no sólo geográficos, sino económicos, sociales, políticos y culturales, sin afanes imperialistas, aprovechando con diligencia sus propios recursos y riquezas, pero estando además dispuesto a aprender de los pueblos vecinos, en un diálogo respetuoso y solidario!

La palabra de Dios nos descubre que todos los males del hombre le han venido por el alejamiento de Dios, empezando por el primer pecado. Por soberbia, el hombre se cree autosuficiente, se niega a obedecer y vuelve la espalda a Dios, siguiendo sus propios caminos, que le alejan progresivamente de la vida, la paz y la alegría. Pero Dios no se conformó con esperar en casa al hijo pródigo, sino que, de común acuerdo con el hijo mayor, este salió a buscarlo, aun a costa de su vida y de su honra. Si la humildad es la verdad en el hombre, en Jesús no se cumplió, ya que siendo el Hijo de Dios fue considerado como el Hijo del Hombre, y además fue humillado hasta ser tratado como blasfemo, falsario y seductor. De este modo, por la humildad y la humillación de Jesús podemos ser curados de nuestra soberbia, y así emprender el camino de regreso hacia el Padre. Si por la soberbia nos alejamos de Dios, sólo por la humildad podemos encontrar el camino para volver a él. Como hombre, Jesús se siente ante Dios Padre como un niño pequeño, “manso y humilde de corazón” (Mt 11,29). En el Sermón de la Montaña bendice a los humildes (Mt 5,4). Viendo a los invitados discutiendo por los primeros asientos del banquete, dice a sus discípulos: “Tú ponte en el último puesto...”, “porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado” (Lc 14,7-11). Antes de despedirse, en la última cena, lavó los pies a los discípulos, trabajo reservado a los esclavos, para inculcar en ellos el espíritu de servicio y humildad (Jn 13,5). Y en el momento de su Encarnación, María proclama que Dios “ha mirado la humildad de su esclava”, “ha derribado a los poderosos de sus tronos, y ha encumbrado a los humildes” (Lc 1,46-55).

Tanto la Carta de Santiago (4,6) como la 1ª de Pedro (5,6) se hacen eco del texto del libro de Proverbios (3,34): “Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes”. Pablo insiste frecuentemente en la necesidad de la humildad, en seguimiento de Cristo, que “se humilló a sí mismo” (Flp 2,8): “Revestíos de entrañas de humildad” (Col 3,12); “os exhorto a conduciros con toda humildad” (Flp 2,3); etc. Toda la tradición cristiana es constante en esta convicción. ¿Quieres levantar un edificio que llegue hasta el cielo? Piensa primero en poner el fundamento de la humildad, llegará antes al cielo un carro cargado de pecados con humildad, que un carro cargado de virtudes pero con soberbia. “El humilde verdadero y perfecto rechaza la gloria que se le ofrece, y no busca lo que no tiene”. La Humildad tiene otro sinónimo, significado y nombre, ese Nombre es: JESUCRISTO, El Hijo de Dios, nuestro Salvador.

Amén.